Y entonces uno se empieza a sentir usado. Que sensación más asquerosa. Uno que deja cosas de lado, que esta ahí siempre... la verdad es que es uno el inadaptado. Todas las personas son diferentes, nada que hacer con eso. Esperar que otra persona reaccione o piense similar a uno es parte de una fantasía. Habemos personas, por lo tanto, predeterminadas a la decepción. A partir de eso se dan dos razones para este comportamiento:
a.) Vemos mucho potencial en las personas: nos encantan, somos capaces de ver lo mejor de ellas, solo tienen aptitudes positivas, y para garantizar su existencia (pues claro, acabo de recordar que la perfección no existe), cuando nos damos cuenta que no son tan ideales como pensábamos, simplemente empezamos a tachar estas cualidades, las borramos. Ojo, no nos damos el lujo de reemplazarlas por los aspectos negativos, solo las sacamos. Muy condescendientes.
b.) Dejamos la vara muy alta: claro, nos creemos un ejemplo de moral. Pues, la verdad es que si de algo nos jactamos es de ser consecuentes y de reconocer nuestros errores. En lo personal, los público abiertamente, hago más lujo de mis caídas que de mis triunfos, pues para esto último están las redes sociales. Entonces creemos que como mínimo la gente debería igualarnos... vaya moral.
Según la situación, ambos aspectos pueden presentarse. Ambos igual de ridículos. Y la vida se encarga de recordarnos una y otra vez que estamos mal, que no existen modelos, que no hay un libro de respuestas a todas nuestras inquietudes. Muy buen trabajo, Vida, haces un muuuuuy buen trabajo.
Y siempre pasa lo mismo, escribo para desahogarme y término echándome la culpa. Ahora me siento con más problemas sociales que antes. Gracias, Blog, ahora te coludiste con la Vida.

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