mayo 11, 2015

El precio.

Si, si. Tengo super claro que las cosas no son fáciles. La complejidad es parte de la vida. Tengo plena certeza de que ninguna vida es perfecta. Siempre existen situaciones en las que las cosas no parecen estar funcionando y desearíamos desaparecer. Tiendo a sentir que hice algo mal o que di vuelta en la dirección incorrecta en algún cruce. Pero ahora creo que no tiene relación con nuestras propias decisiones, o al menos no el 100% de las veces. 
Es un juego de proporciones. Es como pagar un precio por adquirir un bien. en este caso el bien supremo es la felicidad, de la que se desprenden otros beneficios, como la tranquilidad, la paz, la salud. Pero para ello hay que pagar un precio, un valor que no siempre es el mismo para todos. En mi no tan humilde opinión, creo que ese precio es la experiencia. Dicha capacidad no solo nos ayuda a hacer mejor las cosas que nos permitirán ser felices, también nos ayudan a valorar la felicidad. Porque muchos de los errores que sufren las personas, es no ver la felicidad aunque este frente a sus narices.
Que ganas de poder arreglarle la vida a los demás. Tener la capacidad de decir unas palabras mágicas y solucionar todos sus problemas. Tengo la maldita cualidad de hacer propios los problemas ajenos y se que así nunca seré del todo feliz. 
La vida funciona así, hay que pasar por etapas difícil, pero tengo la certeza de que si se actúa de buen corazón, siempre, pero SIEMPRE, se alcanzará el bien supremo, yo lo se, nadie me lo sacará de la cabeza, ni siquiera yo misma en mis momentos de mayor pesimismo. 
Calma, mi vida, calma. Las cosas tomaran su sitio, poco a poco. Milímetros al día, quizás, pero nunca se restarán, siempre avanzando. Estoy segura. Paciencia.

M.

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