Un amigo me dijo que uno no aprende de los errores, sino que de los aciertos. La frase me quedo dando vuelta varias horas. Y entendí que todo el mundo se equivoca, todos tenemos derecho a hacerlo y, por cierto, soy buena en ello. Lo triste es que son muy pocas las personas que terminan acertando, solucionando las cosas eficientemente y, repito, "acertando" la próxima vez.
También he oído cosas como: si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Me arriesgué con eso y mentí, mentí mucho. Todo esto con el secreto objetivo de que ésta vez las cosas sean para mejor. Aigg! Me quedé con una sensación de vómito en mi garganta, pero a veces hay que cruzar la línea, traicionar un poquito la moral por una meta mayor, que involucra más vidas a parte de la propia.
Cuando uno ama es inevitable sufrir y es imposible evadir las heridas. Y si, soy testigo, con el tiempo dejan de doler, pero SIEMPRE están ahí para recordarnos por qué aparecieron y que, para la próxima, intentemos "acertar". La cicatrización no existe, podemos ignorarlas, hacer como que no nos importan, pero en serio... las marcas siempre están ahí. Además si te golpeas en la misma herida... ya no es lo mismo.
Las palabras se las lleva el viento (en este caso, se quedan en mi blog). Me cago en las mentiras y las incoherencias... en mi corazón por siempre existirá el lindo recuerdo y los mejores deseos. Ahora, al fin, lo puedo dejar ir.
Next level.
Saludos.
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